Criptobros: la masculinidad tradicional se reversiona en el perfil de inversores digitales
El arquetipo del criptobro combina el perfil de un inversor en el mundo digital —no necesariamente muy experimentado— con una sensación superioridad intelectual y moral y la hipermasculinización del sector. ¿Emprendedurismo entusiasta o machismo reversionado?
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Imagen: ChatGPT
En el universo cripto hay muchos términos que aprender y distintos glosarios que explican lo que son traders, blockchain, hype, token, shitcoing, rug pull, pum and dump. Pero también hay un término que no refiere a un aspecto técnico del mercado, sino a una caracterización sociológica o antropológica de un grupo humano: “criptobro”. Está formado por la contracción de ‘criptomonedas’, y ‘brother’ (hermano, amigo o compañero). La palabra se usa particularmente en redes sociales para describir a un perfil específico de inversor en criptomonedas, generalmente varón, joven y entusiasta del mundo digital, que promueve con un tono de superioridad y un aire de exclusividad la compra y venta del Bitcoin, Ethereum y otros activos digitales.
El fenómeno del criptobro también está vinculado a un tipo específico de masculinidad, similar, en algunos aspectos, a un modelo tradicionalista. Lo vemos en los videos de algunos de los más conocidos, como Matías Cardozo o Mani Thawani. Se trata de un varón emprendedor, cuyo éxito se mide en la acumulación de riqueza y la demostración de independencia financiera. Este arquetipo tiene raíces en las comunidades tecnológicas de Silicon Valley y en la cultura startup, donde los hombres suelen dominar los espacios de inversión y tecnología. Algo parecido al varón proveedor del mundo analógico, pero en el mundo digital.
El término “criptobro” tiene connotaciones tanto despectivas como irónicas, dependiendo de quién lo use y en qué contexto. Suele asociarse con figuras que exhiben un estilo de vida ostentoso, con autos de lujo, relojes caros y discursos de independencia financiera basada en la tecnología blockchain. En general, los criptobros no se identifican como tales, sino como "criptoinversores", "emprendedores blockchain" o "constructores del futuro financiero". Pero, como sucede con el lenguaje, algunos han adoptado el término en tono irónico o para restarle peso a la crítica.
Ser criptobro no se trata solo de comprar criptomonedas. Es una cultura que combina tecnología, ideología y estilo de vida. El término evoca un tipo de perfil particularmente expuesto en redes sociales que, aunque lleve poco tiempo invirtiendo en cripto, se considera con la suficiente experiencia y conocimiento para dar consejos e información sobre el tema, explica Cristina Carrascosa, abogada y CEO de la empresa de servicios legales en cripto ATH21. La especialista considera que el criptobro representa “una minoría pequeñísima del sector”, pero hacen ruido por las decenas de miles de seguidores.
Además, los criptobros suelen compartir valores asociados al individualismo radical, el rechazo a las instituciones tradicionales y la promoción de una estética hipercompetitiva. Para algunos analistas, esto refuerza una visión excluyente del mundo financiero y dificulta la inclusión de mujeres en la tecnología blockchain.
Dentro de la cultura criptobro hay un culto al cuerpo y una relación con ciertos ideales de masculinidad. Reproducen la idea de un éxito individualista y meritocrático, donde la apariencia física es un reflejo del control personal y el dominio sobre uno mismo. Algunos criptobros promueven el fitness, las dietas estrictas (como la cetogénica o el ayuno intermitente) y la biooptimización, conceptos que también se ven en comunidades de emprendedores tecnológicos y figuras como los "hustle bros". La imagen es central: hacen ejercicio físico, se muestran musculosos, se visten con prendas de lujo.
El origen del concepto
El origen del término "cryptobro" se remonta a los foros y redes sociales donde los entusiastas de las criptomonedas comenzaron a agruparse a medida que Bitcoin y otras divisas digitales ganaban popularidad, especialmente entre 2017 y 2021, durante los grandes picos de precio. En comunidades como Twitter (ahora X), Reddit y Discord, surgieron personajes que defendían las criptomonedas con fervor y promovían inversiones agresivas en el sector.
La palabra "bro" ya era utilizada para describir a cierto tipo de hombres en el mundo financiero, particularmente en Wall Street, con el término "finance bros", como se lee hace más tiempo en medios y redes. Con la irrupción de las criptomonedas, la etiqueta se trasladó a este nuevo ecosistema digital.
No todo trader es un criptobro. Un trader es una persona que compra y vende activos financieros, que pueden incluir acciones, divisas, bonos y criptomonedas. En cambio, el criptobro es un perfil particular dentro del mundo cripto, caracterizado no solo por su actividad de inversión, sino también por su actitud, su discurso y su identidad cultural. Mientras que un trader puede basar sus decisiones en análisis técnico o fundamental sin involucrarse en la cultura cripto, el criptobro suele adoptar un estilo de vida que glorifica la descentralización, la acumulación rápida de riqueza y el rechazo a las instituciones financieras tradicionales. Tiene una fe inquebrantable en las criptomonedas, actitud especulativa y desprecio por las regulaciones estatales.
Brecha de género en el mundo cripto
Las inversiones digitales, especialmente en criptomonedas y activos descentralizados, han crecido exponencialmente en la última década. Sin embargo, la participación de las mujeres en este sector sigue siendo baja. Según un informe de Gemini, solo el 26 % de los inversores en criptomonedas a nivel mundial son mujeres, lo que evidencia una brecha de género persistente en la economía digital.
La falta de inclusión en este ámbito no es un problema aislado. Factores como el acceso desigual a la educación financiera, la percepción de que el sector tecnológico es un "club de hombres" y la escasez de modelos femeninos influyentes en el ecosistema cripto refuerzan la exclusión. Además, la volatilidad del mercado y la falta de regulación generan un entorno de alto riesgo, lo que desalienta a muchas potenciales inversionistas.
Aunque cada vez ingresan más mujeres al mundo de las inversiones digitales, el cambio real requiere mayor equidad en el acceso a oportunidades, políticas que fomenten la diversidad y una transformación cultural que deje atrás los sesgos de género en el ámbito financiero. La revista Forbes describe el problema y explica el desafío. El criptobro, entonces, parece un nuevo estereotipo a desarmar.
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